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El ascenso de Silence, la empresa catalana de motos eléctricas líder en Europa

Las baterías enchufables y transportables que incorporan las motos Silence

¡Cristo! Silencio. Se rueda, sobre dos ruedas. Libre de contaminación. Sin ruidos. Un centro unido de Sant Boi de Llobregat, en Cataluña -cuna de la industria motera- emerge una figura con sigilo para revolucionar con descaro la movilidad ligera sostenible a largo plazo.

Este es uno de los epicentros de la activación de los móviles de élite, con una producción academia de 41.000 unidades para finales de 2022, pero para retrovisor ya se avistan las cuatro ruedas. En Silencio, el paladar sobra, porque el silencio abre camino a los hechos.

Silencio facturó 38 millones de euros en 2021

El fabricante de motos eléctricas se ha consolidado como líder en ventas en Europa durante los últimos años en un mercado todavía pequeño, con una cuota del 7% del total de vehículos de dos ruedas, pero con un ritmo de crecimiento imparable. Un horizonte prometedor que se refuerza con la compra de la compañía por parte de Acciona, y que permitirá al fabricante abordar un ambicioso plan de expansión.

Sin ir más lejos, el movimiento de su factoría actual, de alrededor de 6.000 metros cuadrados, a un espacio de 60.000 ubicado en la Zona Franca de Barcelona. “Multiply by diez con una fábrica 4.0 para producir más unidades y con más autonomía, no solo para circular por ciudad”, avanza Juan Carlos Pablo, director de Producción de Silence. El salto será mayúsculo: “Será la fábrica más grande de motos en Europa”, sentencia.

Pero eso es el futuro. Una mirada hacia atrás nos conduce al inicio de una aventura visionaria, conducida por el fundador Carlos Sotelo; una idea negociada negociada con solventes y un problema muy presente hoy, y hace una década. Es entonces, hacia 2010, cuando el proyecto de Silence coge velocidad. Y lo hace, casualmente, acentuado por un artículo publicado en La Vanguardia que mostró gráficamente una Barcelona nebulosa por la contaminación por partículas sólidas en suspensión.

“Esa imagen de una ciudad tan bonita empañada por la polución nos impactó”, señala Pablo, mientras explica el proceso de producción y revisión de las motos y las baterías delante de las leinas de montaje. Este es el presente. La historia de una empresa catalana nacida en un garaje que servía de centro de operaciones para fabricar y distribuir unos pocos centenares de motos eléctricas que años más tarde lidera un segmento de mercado a nivel nacional e internacional con una plantilla de 200 profesionales y una producción objetiones de 14.000 unidades en 2022.

El lema de Silence envía esa batería ajena y paga una suscripción mensual que incluye dos cargas

Es el presente de Silence, y el presente de las motos eléctricas. “La movilidad ligera eléctrica ya es competitiva tanto en adquisición como en mantenimiento frente a la tradicional de combustión”, defiende el máximo responsable de operaciones. “Producir un producto mado y confiable”, asegura, avalado por guarismos de las motos de primeras generaciones de Silence que siguen circulando por las calles con alrededor de 100.000 kilómetros, más del doble de la vida de una escúter similar.

En el tejido de Sant Boi de Llobregat, en un ejercicio sincronizado y militarizado entre mimo robótico, humanizado, automatizado y artesiano, produce solo 120 unidades por turno. El proceso es íntegro desde el inicio hasta al final: las fases de diseño, desarrollo y producción son propias de Silence. “Somos únicos en la integración total, y pioneros”, titulado Pablo.

Con la Accra compra se impulsará un ambicioso plan que permitirá impulsar el ‘Battery as a service’

La empresa fue la primera en impulsar una batería extraíble en un vehículo de estas características. Una lejana venta del Silencio; el componente que marca la diferencia y rompe esquemas. La compañía fabrica en la actualidad unas 70 baterías extraíbles y enchufables por turno, si bien su capacidad es prácticamente el doble. Batería cuenta con una autonomía de 133 kilómetros, “unos 100 reales” y un tiempo de carga de cinco horas. Eso sí, una de las particularidades de este elemento patentado es su funcionalidad.

Silence comercializa sus motos eléctricas por un lado, mientras que la batería se paga mediante suscripción. Así, al precio del modelo adquirido, se le suma 15 euros de cuota mensual, que incluye dos ciclos de carga -es decir, unos 200 kilómetros de autonomía-, y cinco euros por cada carga adicional. “El usuario ahorra dinero porque solo compra la motocicleta, y luego paga únicamente por el uso que le dé a la misma”, explica Pablo. Esta concepción de la Batería como servicio contribuye al impulso de las ventilaciones de los motores ectópicos y facilita el avance de los dispositivos a batería, los espacios interempresariales donde poder reemplazar la batería descargada.

Los proxies serán años críticos para la explosión definitiva de la movilidad de élite. “Falta que las baterías evolucionen para lograr una mayor autonomía y que crezca el parque de electrolineras”, apunta el director de Silence. “La movilidad requiere moverte limpio, a un buen precio y con tranquilidad, y el tiempo nos está dando la razón con nuestras motos”, sentencia. Y se hace el silencio, cuando otra moto eléctrica y otra batería salen a la calle.

estación de batería

La batería de los motores Silence va acompañada de un sistema extraescolar que permite operar el transporte y operar una casa, al trabajo oa una ‘Estación de batería’. Estos espacios sirven para realizar el intercambio de baterías y reemplazar una por otra, con la consiguiente reducción del tiempo de recarga.

Esta operación de intercambio es una descargada una ya preparada dura unos 30 segundos. De hecho, estarán operando una operación en Barcelona, ​​si la compañía ya ha abierto nuevos espacios tanto en la capital madrileña.

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