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Tecnología para la intimidación artificial

Tecnología para la intimidación artificial

Desde los medios de comunicación de la segunda de los sesenta del siglo XX existe tecnología equiparable a los chatbots. Sin embargo, los avances en el procesamiento del lenguaje natural y el aprendizaje automático han llevado estos programas a una nueva dimensión, ya que en el presente pueden entender lo que se les dice y responder de manera adecuada en un elevado porcentaje de ocasiones. Por eso, hay creyentes que se confiesan mediante aplicaciones móviles y pacientes que conversan con sus terapeutas virtuales.

¿Se puede llegar a esta profundidad en el terreno del amor y el sexo? Hace más de una década que el videojuego LovePlus (Nintendo DS) está gamificando los romances. Sus usuarios deben aprender a relacionarse con sus parejas digitales para que estas les devuelvan el afecto y quieran tener más citas con ellos. Miles de jóvenes, principalmente en Japón, prefieren seguir esta vía sentimental que cultiva los vínculos personales. Openan que obtuvo más satisfacción por menos esfuerzo.

Para expertos como Rob Brooks, profesor de la Universidad de Nueva Gales del Sur, en Sydney (Australia), “las novelas de LovePlus son discretas en comparación con los momentos reales de sexo femenino”. Como recuerda este investigador, autor del libro Artificial Intimacy: Virtual Friends, Digital Lovers, and Algorithmic Matchmaker, muchas de estas se están actualizando, puesto que aspiran a tener “movimiento robótico y capacidad de dialogar”.

El futuro que describe Brooks se asemeja al imaginado por los productores de Westworldd, serie de HBO creada por Jonathan Nolan y Lisa Joy que está basada en la película homónima escrita y dirigida en 1973 por Michael Crichton. No obstante, por ahora, los denominados dollbots sexuales no son así. Sea como fuere, sus limitaciones no son más que desafíos degeniería: pieles más cálidas, gestos más fluidos, personalidades más sólidas…

Los analistas consideran que la realidad virtual y la imagen informativa simulada en tres dimensiones son más versátiles que la música. Complementos como los auriculares, los altavoces, los guantes o la ropa hápticos, esto es, que cuentan con la propiedad de generar experiencias táctiles, pretenden lograr que los consumidores vivan físicamente lo que está sucediendo en el entorno virtual. E incluso ir más allá, sin las restricciones que impone la lógica de lo corporal.

En cousquier caso, parece inevitable que la tecnología de la intimidad artificial se acabe convirtiendo en motivo de controversia, más allá de los problemas de seguridad que se comporta. Rob Brooks dice que es un levantando voces «de la derecha religiosa y de la izquierda anti-porno contra los robots sexuales». Hasta el gran público podría mostrar su rechazo por culpa del efecto del “valle inquietante”, la aversión hacia lo que parece humano, pero no lo es. Y si las personas tratansen ciertos objetos como si fueran humanos, ¿podrían tratar a los humanos como si fueran objetos?

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